Programas de bienestar laboral, ¿son puro teatro?
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Hay empresas que invierten miles de euros en programas de bienestar laboral y siguen teniendo equipos agotados. Otras que ofrecen yoga, mindfulness, frutas orgánicas y seguros médicos premium, y aun así la gente se va. O peor: se quedan, pero apagados.
¿Qué está pasando?
Me viene a la cabeza El filósofo Jacques Derrida acuñó el término "hauntologolgía" para describir la persistencia en el presente de algo que ha sido negado o abandonado prematuramente. Para él, eran como fantasmas del pasado que venían a instalarse en el presente.
En otras palabras, cuando la cultura corporativa declara algo obsoleto sin haberlo realmente procesado, eso no desaparece. Vuelve como un fantasma.
Yo quiero aplicar la idea aquí al contexto del bienestar empresarial: las empresas modernas están perseguidas por los fantasmas de necesidades humanas que son sistemáticamente ignoradas.
Y esas necesidades no se van. Regresan como burnout, como ansiedad generalizada, como equipos que no funcionan, como la sensación persistente de que algo fundamental falta.
Lo que se niega no desaparece, se distorsiona
Durante décadas, el mundo corporativo se ha construido sobre una premisa tácita: los empleados son recursos cognitivos. Cerebros que procesan información, manos que ejecutan tareas, cuerpos que transportan todo eso de un sitio a otro. Lo demás —emociones, necesidades mentales y emocionales, ritmos naturales— es ruido que hay que minimizar.
Esta visión quizás no parte de una mala voluntad, pero definitivamente es incompleta. Y esa incompletitud tiene consecuencias para el bienestar laboral.
Cuando niegas que el cuerpo existe y tiene límites, no produces trabajadores incansables. Produces dolores crónicos, insomnio, adicción al café, migrañas, problemas digestivos que "no tienen causa médica".
Cuando niegas que las personas necesitan conexión, no eliminas esa necesidad. Simplemente la condenas a expresarse de formas distorsionadas: reuniones infinitas que no dicen nada importante, guerras pasivo-agresivas por email, secretos departamentales impenetrables.
Cuando niegas que el trabajo necesita tener sentido más allá del salario, no generas empleados pragmáticos y eficientes. Generas cinismo, apatía, personas que hacen lo mínimo y cuentan las horas hasta el viernes.
El problema no es que las empresas sean malas o que los jefes no se preocupen. El problema es que hemos heredado una forma de entender el trabajo que está enferma. Y los síntomas están por todas partes.
El problema de un bienestar para empleado vacío de sentido
Aquí es donde aparecen los programas de bienestar laboral. Bien intencionados, a menudo. Pero muchas veces, diseñados desde la misma lógica que crea el problema.
Se contrata a alguien para dar clases de yoga los martes. Se suscriben a una app de meditación. Se ponen plantas en la oficina y se habla de "cultura del bienestar".
Mientras tanto, los emails siguen llegando a medianoche, las reuniones se comen el día entero, y cualquiera que pida reducción de jornada es visto con sospecha.
El mensaje implícito es claro: el problema no es el sistema, eres tú que no sabes gestionarlo. Aquí tienes yoga. Aquí tienes mindfulness. Aquí tienes coaching o masajes. Ahora aguanta.
Esto es lo que ocurre cuando tratas de resolver un problema estructural con parches individuales. Como intentar arreglar un edificio con grietas en los cimientos pintando las paredes de colores alegres.
Lo que realmente hace falta
El bienestar laboral real no empieza con actividades. Empieza con preguntas incómodas.
¿Respetamos los ritmos humanos básicos o esperamos que la gente funcione como máquinas sin descanso real?
¿Hay espacio para que las personas sean personas, o solo se valora su output?
¿El trabajo tiene sentido para quien lo hace, o es solo un intercambio transaccional de tiempo por dinero?
¿Los líderes modelan el equilibrio que predican, o son los primeros en presumir de dormir poco?
Las respuestas a estas preguntas determinan si un programa de bienestar empresarial será real o será teatro. Porque puedes poner todas las clases de yoga que quieras, pero si la cultura subyacente sigue siendo tóxica, solo estás añadiendo otra capa de contradicción.
Programas de bienestar laboral que funcionan cuando el contexto es honesto
Dicho esto, cuando el contexto es el adecuado, hay prácticas que generan cambios reales porque abordan necesidades humanas concretas que el entorno laboral moderno no provee en la oficina.
El yoga para empleados, por ejemplo. No como ejercicio ni como moda, sino como práctica de reconexión con el cuerpo. Después de horas frente a la pantalla, el cuerpo duele pero no sabemos exactamente dónde ni por qué. El yoga en la oficina—bien enseñado— devuelve esa conexión. Enseña a sentir, a soltar tensiones que ni siquiera sabíamos que teníamos, a habitar el cuerpo y aprender a usarlo de forma inesperada .
El mindfulness para empresas, también. No como "técnica de productividad" para concentrarse mejor (aunque eso pueda ocurrir). Sino como práctica de presencia. Como forma de no estar constantemente arrastrado por la siguiente urgencia, el siguiente email, el siguiente pensamiento ansioso sobre algo que aún no ha pasado. Hay un espacio entre el estímulo y la respuesta. El mindfulness enseña a encontrar ese espacio.
Las prácticas de meditación en la oficina. El sistema nervioso moderno vive en estado de alerta permanente. La meditación —cuando se hace con atención— lo resetea. No es esoterismo. Es fisiología básica. Diez minutos de meditación guiada pueden bajar los niveles de cortisol de forma medible. Puede parecer demasiado simple, pero esa simplicidad es su fuerza.
Espacios de reflexión real a través del coaching para equipos. No reuniones disfrazadas de "check-ins emocionales" donde nadie dice nada verdadero. Sino momentos genuinos donde sea posible pararse y preguntarse: ¿qué estoy haciendo? ¿Por qué lo hago? ¿Hay coherencia entre este trabajo y lo que me importa? Sin estas preguntas, el trabajo se vuelve automático. Y lo automático, con el tiempo, se vuelve vacío.
La armonización como práctica, no como evento instagrameable
Hay una metáfora que funciona bien aquí. El cuerpo, la mente, las emociones son como instrumentos en una orquesta. Cuando uno toca demasiado alto o demasiado bajo, cuando están desafinados entre sí, la música no desaparece. Pero se distorsiona. Se vuelve ruido, no sinfonía.
El bienestar laboral, cuando se hace bien, no es añadir más notas. Es afinar los instrumentos. Es crear las condiciones para que puedan tocar juntos de forma coherente.
Esto requiere práctica constante, no eventos puntuales. Requiere coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Requiere líderes que vayan primero, que muestren con su ejemplo que cuidarse no es debilidad sino inteligencia.
Y requiere paciencia. Porque los cambios profundos no ocurren en un trimestre. Ocurren cuando las prácticas se sostienen el tiempo suficiente como para convertirse en cultura.
Más allá del fantasma del bienestar laboral
Volviendo a la hauntología, hay una cultura embrujada es aquella que ha negado algo esencial y ahora sufre las consecuencias de esa negación. Las empresas modernas están embrujadas por la negación de que somos seres completos, no solo cerebros productivos.
Los programas de bienestar laboral pueden ser parte de la solución. Pero solo si se implementan con honestidad para que los equipos puedan respiran distinto. Las personas estén más presentes y el trabajo deje de ser solo supervivencia y empieza a tener algo de sentido.
No es utopía. Es simplemente lo que pasa cuando dejas de luchar contra la naturaleza humana y empiezas a trabajar con ella.
Si esto resuena contigo y diriges un equipo o una empresa, quizá sea momento de preguntarte qué fantasmas rondan tu oficina. Qué necesidades se han negado durante tanto tiempo que ahora vuelven como síntomas. Y qué harías si pudieras abordarlas de verdad.
iNSIDE trabaja con empresas en el diseño de programas de bienestar laboral que van más allá de los eventos de bienestar puntuales. Programas pensados desde la comprensión de que el bienestar real requiere coherencia, constancia y una visión integral de lo que significa trabajar sin destruirse en el proceso. Si quieres explorar cómo podría ser esto en tu organización, hablemos.




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